5/10/2008

PASEOS POR LA BREÑA

por Gilberto Suárez Vergara


Cuando un advenedizo como yo, recién llegado al club, recibe la invitación de escribir unas letras en la revista oficial de la nueva temporada, agradece el honor pero se siente inclinado a pensar que quizá no tenga nada nuevo que aportar a tan veteranos montañeros. Una vez superado ese momento, y para no defraudar a los que se lo pidieron, decidido ya a escribir, piensa ¿y ahora qué cuento yo?¿mis comienzos en Sierra Nevada?¿mi relación con las montañas?¿por qué me hice geólogo?¿mi pasión por conocerlas y enseñarlas?...

Por fin, apremiado por el tiempo, uno dice,”tiene que ser algo diferente y más sencillo: la Baja Montaña granadina, algo sobre geología de la provincia de Cádiz, algo sobre el parque de la Breña... ¡Ya está!: ¡La Breña!”

Después de casi veinte años en Cádiz, procedente de Granada, y vecino de Vejer de la Frontera, pienso que puedo rendir tributo a este territorio que tan bien me acogió y en donde recorro la mayoría de mis kilómetros a pie. La Breña como lugar de excursionismo, de entrenamiento, de orientación, donde en poco espacio hay posibilidad de marchar ,subir, bajar, perderse del mundo un rato, un día o varias horas por terreno fácil o medianamente difícil, donde hacer turismo cultural y por supuesto natural o gastronómico.


La Breña. El Pinar de la Breña y el Acantilado de Barbate. El Pinar de la Breña y las Marismas de Barbate. Las Quebradas de Vejer. Todos esos nombres se han ido manejando y sucediendo para este pequeño parque natural declarado desde 1989 y que ha ido aumentando de superficie protegida conforme ha ganado años y prestigio. Primero fueron el pinar y el acantilado. Después la plataforma sumergida bajo el acantilado. Más tarde las marismas del río Barbate y, finalmente, parte de las Quebradas de Vejer.

El Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate, pues este es su actual nombre oficial, se encuentra en la costa atlántica de la provincia de Cádiz, entre las localidades de Barbate y Vejer de la Frontera, sobre cuyos términos se extiende el parque. Es uno de los tres parques andaluces que incluye una zona marítima al pie de un acantilado que alcanza más de cien metros de altura. Tiene más de 5000 hectáreas de superficie, de las cuáles algo más de mil son marinas y las otras se reparten casi al cincuenta por ciento entre las marismas y, pinares y quebradas.

La diversidad de ecosistemas es grande: riberas, marismas, bajos fondos, playas, roquedos, acantilados, pinares costeros, acebuchales, lentiscares, carrascales, alcornocales relictos, caños, enebrales...

Y todo a menos de un par de horas a pie desde casa (treinta minutos en coche desde Chiclana).


Las rutas pueden ser por lo tanto muy variadas y se pueden combinar fácilmente para recorrerlo en toda su superficie y alrededores sin demasiados problemas con fincas privadas ni alambrados. Son ideales para andar y correr e incluso muchas de ellas para la bici. Últimamente hay también, cada vez más, muchos turistas ecuestres, cuyas caballerías (por la naturaleza blanda de la superficie) levantan los caminos y destrozan muchas veredas.


Al parque y su entorno se accede desde Vejer, desde Barbate y desde Caños de Meca. Se pueden diseñar rutas circulares desde cada uno de esos lugares o bien combinar recorridos lineales contando con varios coches o con los autobuses de línea desde Barbate a Vejer o La Barca.

Para comenzar a conocerlo pueden servir los recorridos por los senderos de uso público diseñados por el Parque: el del Acantilado, el de la Torre del Tajo, el de la Torre de Meca, el de la Marisma, el de Las Quebradas, eligiendo el sentido y las combinaciones entre ellos que nos interesen. La información sobre ellos y la cartografía mínima puede bajarse de la página web del Parque en la de la Consejería de Medio Ambiente.

En una segunda aproximación se puede llegar al parque desde Vejer a través de la Carretera de los Soldados (Vía Verde) y Camino de los Carrascales y Colada de Buenavista. O bien desde el Camino de la Oliva a través de las Quebradas, la Cueva de Quiñones y las Canteras de la Oliva.


También se puede llegar por el Donadío de las Palomas hasta la Ermita de San Ambrosio y desde allí a La Breña. O por el Cortijo de la Porquera (Palomar de la Breña). Para estos acercamientos ya hace falta cartografía (mejor si es algo antigua) para poder cotejarla con las imágenes del Google Earth. Hay una pista ancha que lleva desde Foncubierta hasta San Ambrosio y Zahora, pero tiene demasiado tráfico y ha hecho que se pierdan las coladas antiguas.

Las Quebradas se pueden conocer bien por la pista forestal que recorre al W el alambrado de la finca de Las Marismas, en una media ladera al SE de Vejer, que se puede tomar desde el Camino de La Oliva.


A la Marisma lo mejor es entrar desde la carretera Vejer-Barbate, una vez pasada La Barca y el cruce de Vejer, por un carril a la izquierda, junto a la depuradora. Este carril de momento sólo es practicable desde final de primavera hasta principios de otoño. Durante el invierno bastantes tramos permanecen bajo el agua, aunque eligiendo bien el día puede uno arriesgarse a no pillar demasiado barro. Del parque, desde luego lo más característico es su vegetación, sobre todo el pinar de pino piñonero. Este pinar tuvo su origen en una repoblación realizada a finales del siglo XIX para proteger el poblado de San Ambrosio y sus cultivos de las dunas que trepaban por la pendiente de areniscas calcáreas desde la playa de la Hierbabuena, en Barbate, empujadas por los vientos de levante. Sobre ese manto de arenas, que fosilizaban el sustrato rocoso, crecieron los pinos y, con el tiempo, a su abrigo se desarrolló un típico sotobosque de acebuches y lentiscos, con jaras y retamas en las zonas más abiertas, y algunas formaciones de sabinas y enebros marítimos. De hecho la población de enebro marítimo es la segunda en importancia de Europa, después de la de Doñana, y uno de los motivos por los que se declaró la protección de este espacio natural.

Además de la vegetación, la avifauna que podemos encontrar en ecosistemas singulares como el acantilado y la marisma aumentan el interés de la visita, sobre todo fuera de los meses centrales del año y de las horas centrales del día.

El interés monumental se centraría en las torres vigías del Tajo y de Meca, de los siglos XV y XVI respectivamente, y de las ruinas de la ermita visigoda de San Ambrosio. Son de interés arquitectónico también la ermita Santuario de Ntra. Sra. De la Oliva, patrona de estas tierras, y el Cortijo de la Porquera, que contó con un antiguo monopolio de cría de palomas mensajeras y hace poco se ha rehabilitado como alojamiento rural.

Y como después de una buena ruta lo mejor son unas buenas cervezas o vinos con unas buenas tapas, también podemos disfrutar de esto tanto en el corazón del parque (hay dos ventas cerca de San Ambrosio y de El Jarillo, y un bar en Los Majales del Sol) como en sus extremos: Los Caños, Vejer y, sobre todo, el atún de Barbate.

En fin, que os animo a incluirlo dentro de vuestros recorridos de senderismo, de turismo activo o de entrenamiento para preparación de la temporada.

¡Nos vemos por la Breña!

Gilberto Suárez Vergara Excursionista

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