por Angel Gil Gahete
Está claro que para apreciar la belleza de un cuadro, un amante del arte no necesita ser un entendido en pintura; le basta admirar el lienzo. También, para disfrutar de su afición, un senderista sólo necesita calzarse las botas, cargar la mochila a la espalda y .... un camino. Y sin embargo, del mismo modo que si se tienen conocimientos de técnica pictórica habrá más motivos (supongo) para saborear una obra, conocer algunas facetas del lugar por donde transita el camino puede aumentar el placer de recorrerlo. No sólo el paisaje, que como un cuadro es fácil de apreciar en conjunto, sino distinguir las pinceladas o situarlo en el lugar que ocupa en la historia de la pintura.
En este sentido tenemos suerte los senderistas gaditanos . (Ya sé, lo mismo dirán los malagueños o los murcianos; pero aún así tenemos suerte). No sólo porque nuestra provincia muestra una gran variedad de paisajes - desde la horizontalidad de las marismas a los agrestes despeñaderos de las sierras de Grazalema, de la despejada campiña a los frondosos alcornocales del Campo de Gibraltar, la costa... - , sino además porque muchos de estos lugares por los que caminamos tienen gran interés naturalístico, en algunos casos excepcional. De todos ellos merece destacarse un lugar exclusivo: el Pinsapar.
El Pinsapar es uno de los bosques más originales de toda la Península Ibérica. Su interés se debe a una serie de singularidades:
En primer lugar, el pinsapo es una especie endémica. Aunque tiene parientes en otros localidades del Mediterráneo como Córcega o el Rift marroquí, el Abies pinsapo como lo conocen los botánicos sólo se encuentra en nuestra comunidad. Es tan andaluz como el gazpacho, la Alhambra o el vino de Jerez. Si estos forman parte de nuestro patrimonio cultural o artístico, el pinsapo es una joya de nuestro patrimonio natural. (En España hay otro abeto, como hay otras sopas frías, el románico o el Valdepeñas; pero no es lo mismo). Al interés por éste carácter endémico se suma su reducida área de distribución: sólo se encuentra en la Sierra de las Nieves en Ronda, en Sierra Bermeja de Estepona y en la Sierra del Pinar en Grazalema, dónde se encuentra el pinsapar más puro y extenso de los tres.
El pinsapo fue descrito para la ciencia por el botánico suizo Edmundo de Boissier, que lo descubrió en un viaje a Andalucía en 1837 y le dio el nombre vulgar con que era conocido en la zona de Sierra Bermeja ( en Cádiz se le ha llamado tradicionalmente pino, de dónde el nombre de Sierra del Pinar).
Caminar por el pinsapar es también hacer un viaje al pasado, ya que otra peculiaridad es su carácter de especie relicta. Representa los restos de los extensos bosques que debieron ocupar gran parte de nuestra península en épocas de clima más frío y húmedo, durante el periodo....., hace bastante tiempo. A medida que el clima, después de las glaciaciones, se hizo más cálido y seco, los abetales emigraron hacia el Norte (hay que subir hasta los Pirineos para encontrar otro abeto). Solamente en aquellas zonas montañosas que aún mantienen condiciones adecuadas se han conservado pequeñas islas como testigos anacrónicos de otras edades climáticas.
Por su interés ecológico y paleobotánico el pinsapar fue declarado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera y, como todo el mundo sabe, protegido después por la Junta de Andalucía al incluirlo en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema.
Pero también destaca por otra razón: su belleza estética. Ya los pinsapos aislados son árboles muy apreciados en jardinería, pero el conjunto del pinsapar produce una impresión especial. Caminar por su interior, en la umbría de esos majestuosos ejemplares,.... ; en fin, los que no lo conocen ya lo comprobarán.
Esta belleza ha llamado siempre la atención de naturalistas y viajeros.
Así lo describe Chapman, el infatigable viajero inglés que recorrió estas sierras en 1910:
..”los bosques de pinsapos de San Cristóbal ofrecen uno de los más sorprendentes paisajes de Andalucía. En unas tres millas a la redonda cubren en un semicírculo la totalidad del anfiteatro excavado en la ladera de la montaña. Sus masas de un verde oscuro, en contraste con las blancas rocas en las que crecen (y en invierno con la nieve más blanca aún), se agrupan hacia arriba....hasta el borde mismo de la cresta, que, como cortado a cuchillo, está en torno a los 5.500 pies: ¡Ojalá pudiéramos pintar la belleza de la escena!” (La España inexplorada).
Por suerte, ahora podemos fotografiarla.
Pero incluso para los colegas más insensibles a la belleza siempre queda lo esencial: “...a través de estos oscuros bosques serpentea un sendero.....”
Angel Gil Gahete
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