Poco antes de las ocho de la mañana del miércoles 27 de agosto de 2008 en la plaza del Triángulo de la Amistad, en el centro de Chamonix, estamos reunidos 183 corredores de ‘ultra fondo en alta montaña’, venidos de todas las partes del mundo, dispuestos a rodear el macizo del Mont Blanc por una ruta de más de 220 Km. con más de 34000 m de subidas y bajadas acumuladas, y en menos de 104 horas, sin balizas ni avituallamientos, ni ningún tipo de asistencia, salvo la de los refugios por los que se pasa, y teniendo además que transportar todo el equipo necesario para la supervivencia en la montaña.
Faltan pocos segundos y comienza a sonar la emotiva música de Vángelis, que para mi más grata sorpresa se trata de la BSO de “El Último Mohicano“. Su sonido me penetra en lo más hondo hasta arrancarme un profundo grito y con él comienzo la aventura.
Hace calor y la primera subida, de 1300m, nos avisa del porvenir. Los tres miembros del equipo andaluz: Charo Zea, Peri Gámez y Fali Romero (Coleta) subimos a buen ritmo, pero la ruta es larga y hay que ir reservando fuerzas para los días venideros.
Llevamos una programación muy precisa, y muy bien estudiada la orientación, lo que nos da una seguridad que nos hace avanzar más rápido de lo previsto. Sin embargo, en estas condiciones tan cercanas a nuestros propios límites, cualquier imprevisto se convierte en un problema: precisamente un problema digestivo que me provoca una fatiga cercana al desmayo y que nos obliga a parar un rato hasta recuperarme… y esto se me repetirá durante los tres primeros días, limitando mi rendimiento y obligándome a esforzarme al máximo para cumplir “El Sueño“, y poniendo a prueba una vez más la capacidad de superación del hombre.
Nuestra estrategia es de descansar algunas horas de cada noche en los refugios, lo que nos lleva a pasar la primera, según lo previsto, en el refugio del col de la Croix du Bonhomme donde ya han llegado algunos equipos y que nos reciben como si todos los que llegamos fuésemos los mejores, y nosotros mismos repetimos este recibimiento a los que van llegando. En estas condiciones y debido a la tremenda tensión emocional no dormimos nada, pero si descansamos varias horas.
A las 4:45 de la madrugada comenzamos el segundo día de ruta junto a Paco Estorach, Joan Carles Balagué y Joan Perales que forman el equipo catalán, que habían llegado al refugio poco después de nosotros y con los que compartiríamos muchos e inolvidables momentos de la ruta. La primera subida y parte de la bajada la hicimos juntos, pero es de noche y cada uno sigue su ritmo y así al poco rato nos encontramos solos subiendo al col de la Seigne al amanecer. El amanecer en Mont Blanc es sencillamente espectacular. Poco después el calor hace mella y vuelvo a sentir fatiga, por lo que tenemos que bajar algo el ritmo de nuestra marcha.
Después cruzamos una pedrera inestable y peligrosa, muy técnica, donde adelantamos a algunos corredores que a punto están de provocarnos un accidente porque a su paso, por encima del nuestro, provocan caídas de piedras que nos pasan muy cerca. Algo más tarde comenzamos un descenso vertiginoso de 1660 m. desde el col de Charmonts hasta Courmayeur, que me permite recuperar las fuerzas para comenzar una subida calurosa y agónica de 1700 m. hasta el col de Malatra donde hay instaladas clavijas y peldaños, por tener un descenso muy expuesto. Todo el día es de grandes subidas y grandes bajadas, y por la noche llegamos a una zona de muy difícil orientación por herbazales plagados de pequeñas ciénagas y de donde tardamos un buen rato en salir. Llegamos, por fin, después de 19 horas al refugio del col del Gran San Bernardo donde podemos cenar y hasta ducharnos, “que lujo“. A los pocos minutos llegan los catalanes con los que compartimos cena y charla. Esta vez si que dormimos varias horas.
Amanece el tercer día saliendo del col del Gran San Bernardo, y el fotógrafo oficial nos hace todo un reportaje durante 500 m. de ruta incluyendo una completa entrevista a Peri. Esta zona es muy técnica pero es de día y no hay problemas de orientación por lo que la pasamos rápido y sin problemas.
Ya hemos cubierto más de la mitad de la ruta, pero el desnivel acumulado pasa factura y ahora cualquier cuesta parece interminable. El descenso continuo de 1660 m. hasta Praz de Fort se hace muy largo, por lo que decidimos parar a comer una lonchas de jamón ibérico, que es la mejor barra energética y proteica y además del país, antes de enfrentarnos al hueso duro del día: 1750 m. de subida hasta la fenêtre d’Arpette a 2665 m. que parece inalcanzable, con una gran pedrera muy técnica al final y con un descenso ya nocturno muy peligroso, entre abismos a los que no le veamos el fondo, paredes que amenazaban caerse sobre nuestras cabezas, y con el frío contagiado de su fantástico glaciar. Durante la subida pasamos junto a Champex Lac, un precioso pueblo con un relajante lago que invita a quedarse en él.
Ya cerca del col de la Forclaz, donde pasaríamos la noche, cruzamos un bosque que a Peri le provoca algunas visiones oníricas, seguramente por el cansancio y llegamos a una zona fácil donde tropezamos con dos corredores portugueses de los primeros de la CCC, carrera de 96 Km. balizada, que se han salido de su ruta sin advertirlo y que corren sin saberlo hacia el último rincón oscuro y profundo del Mont Blanc, donde solo habitan los locos de La Petite Trotte. Les avisamos y orientamos y corrigieron su ruta.
Por fin llegamos a nuestra parada donde solo encontramos un recinto cutre y un toldo frío donde pasar la noche. Pese a la buena voluntad de los colaboradores, allí no se podía descansar, así que decidimos partir a las 4:45 hacia nuestra última etapa. Los catalanes harían lo mismo poco después.
Este cuarto día han desaparecido mis problemas digestivos y me siento como nuevo, con ganas de correr y disfrutar lo venidero. Charo va algo cansada pero aguanta bien el ritmo y Peri sigue muy bien. Este día la orientación sería la principal característica: cuando bajas una pendiente vertiginosa a buen ritmo no puedes estar a la vez con los bastones, la cámara y el GPS, por lo que en varias ocasiones nos salimos de la ruta y tuvimos que remontar para retomarla. Una de estas veces, al intentar atrochar para reducir el error nos cruzamos una ladera de hierba muy empinada, y una roca que cayó fue a parar a mi pie cortando limpiamente los cordones de kevlar, menos mal que no hubo lesión. Otras veces la orientación se perdía en un bosque denso en lo más profundo de un valle donde la tecnología tiene muy poca precisión y hay que olfatear los pasos como exploradores. Incluso cruzamos un río con el agua hasta la rodilla al no encontrar a tiempo la pasarela, que veríamos ya desde el agua.
Cuando pasamos por los lagos de Emosson ya sabemos que nuestro objetivo está cerca, a nuestro alcance, por lo que nos relajamos un poco y paramos a comer una exquisita ensalada en el refugio del lago, donde nos alcanzan nuestros amigos catalanes y que hacen lo mismo que nosotros. Realmente el desfase es tan pequeño que podíamos haber hecho juntos toda la ruta.
Poco después estábamos ya en el col de la Terrasse con una bajada de 1300 m. de los que la primera parte es muy peligrosa porque quien viene detrás puede desprender piedras que al poco han alcanzado gran velocidad y se convierten en obuses de artillería, por lo que decidimos bajar rápidos y agrupados para no tirárnoslas nosotros mismos, y con buen ritmo llegamos al refugio de Le Loriaz donde paramos un poco. Aquí ya no quedan zonas peligrosas, y vemos que ya vamos cerrando capítulos. Una relajada bajada hasta Vallorcine nos descuida y nos saca otra vez de ruta, pero retomamos pronto. Ya desde Vallorcine el camino se hace común con las otras dos carreras CCC y UTMB y podemos seguir sus balizas y descansar de mi GPS, que fue mi vista durante los cuatro días con sus noches.
La última subida de 700 m. a nosotros nos parece fácil y relajada, en contraste con la opinión de los corredores de cabeza del UTMB, más rápidos, y a los que les frena considerablemente. Al llegar al avituallamiento de la Flegère, los colaboradores franceses nos reciben muy cordialmente, nos miman, nos besan, nos agasajan… gracias. En este punto cuando ya vamos a salir llegan nuestros amigos catalanes y decidimos entre todos correr juntos los 6 Km. que faltan, solo 800 m de descensos nos llevarán a la meta, a la que llegamos todos unidos de las manos, desbordantes de una alegría que no olvidarán en Chamonix
En estos cuatro días tuvimos una perfecta compenetración en el equipo. Pudimos comprobar que no solo tenemos un nivel físico muy similar, sino que somos compatibles y complementarios, y que lo que cada uno aportó al equipo le sirvió a los otros de apoyo. Para mí, el cariño y la entereza de Charo junto con la fortaleza y la tesón de Peri fueron la mejor de las motivaciones para hacer realidad “El Sueño“. Quedan atrás meses de estudio de planos, fotos, tiempos, pesos, materiales y demás caracteres técnicos que dieron lugar a la programación más acertada de la estrategia para completar por primera vez La Petite Trotte à Léon en 87 horas y 13 minutos.
Fali El Coleta

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